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Archive for Agosto, 2009

Mi pequeño rincón

Miércoles, Agosto 19th, 2009

La noche se acaba y la madrugada parece despuntar caprichosa, tímida, casi sin querer, haciendo que el Sol salga por detrás de las únicas nubes que se vislumbran en el horizonte. Con la cabeza aún embotada tras la larga noche de fiesta apoyo mis codos el la vieja muralla y me recuesto en la almena, con la cara al viento, abandonándome al festín que supone para mis sentidos el amanecer soriano.

El sempiterno viento que maltrata al castillo huele a pino y a campo, a tomillo húmedo por el cierzo de la mañana. Mi ojos vagan lentamente por tu paisaje, posándose aleatoriamente aquí y allí como las abejas en las flores, extrayendo el néctar que brindan tus campos de girasoles y de cebada, tus pinares, las colinas con su manto de enebros, y el Duero con su deambular tranquilo y eterno por la meseta castellana. Sobre este lienzo de infinitos marrones, verdes y amarillos añades diminutos trazos de adobe, piedra, teja y cemento, y por tus pequeñas calles, a estas horas desiertas, aún parecen resonar los ecos de la última noche de fiesta, la música, el baile, la alegría, los gritos, el bar… Respiro hondo y casi puedo saborear la paz y la tranquilidad infinita del paisaje soriano, con este dulce aroma a gente sencilla que apura su vida siguiendo los mismos usos y costumbres que sus padres, y antes los padres de sus padres, tuvieron hace mucho tiempo atrás.

Como cada año el amanecer en el castillo marca el principio de la despedida. No me he ido aún y ya te echo de menos, porque es imposible no echarte de menos cuando se vive tan lejos. Será porque mi niñez sigue jugando en tu arena, como decía Serrat, y mi adolescencia bailando en tus fiestas, y tras San Miguel duerme mi primer amor, y mi juventud aprendió a madurar en cada una de las vivencias de las que has sido testigo y parte fundamental. Me has visto crecer, y reír, y llorar, y aprender, y olvidar, y sentir, y querer, y perder, y decir adiós que nunca será adiós sino hasta luego. Porque yo siempre estaré así, recordándote y queriendo volver a pisar tus calles, y a respirar tu brisa, y a oír tus silencios, y a deleitarme con tu dulce promesa, todas ya parte de mi vida. Y me perderé en tu noche, disfrutaré de tus gentes, andaré tus campos, cruzaré tu puente, pescaré tus aguas, escucharé a tu ermita, subiré a tu castillo, y antes de partir contemplaré el amanecer desde las almenas para una vez más llenarme de ti. Para así hacer más llevadera tu ausencia en mis viajes. Y para así recordarme que, aunque queden muchos trenes que coger y muchos caminos por recorrer, el último de todos olerá a pino, a tomillo húmedo, a enebro y a campo soriano… porque me llevará de vuelta a ti, mi pequeño rincón del mundo.