Aburrimiento (Colaboración, por Penélope)

Codex Manenssise leído la primera crónica de nuestro viajero aventurero que se sumerge de lleno en el ciberespacio, y de repente he llegado a la conclusión de que, al contrario que a él, mi tren se escapó para no volver jamás. También como él, dejé mi lugar con la misma mezcla de sentimientos que se trasluce al leer sus crónicas: nostalgia por abandonar mi sitio pero a la vez curiosidad y expectación por empezar una vida que se me antojaba excitante; aterricé en una pequeña ciudad de provincias y pasé a formar parte de la clase más privilegiada de cuantos trabajadores asalariados se pueda conocer: el funcionario. Somos seres que, como dijo Forges en una de sus viñetas, podemos saber cosas que los humanos ni siquiera sospecháis, al margen de que desayunamos varias veces a lo largo de la mañana, leemos el periódico hasta la saciedad y  tenemos la seguridad absoluta de que pase lo que pase, a fin de mes cobrarás y nadie te apeará del puesto.

Desde esta atalaya de superioridad, se ve la vida de otra forma: aburrida. Aburrimiento mortal. Códice desconocidoCreo que cambiaría una mano por poder emular al viajero aventurero que se mueve de continente como yo de un piso a otro de mi casa. Cambio monotonía y aburrimiento por experiencias nuevas y un poquito de stress. ¿Nadie me lo cambia? Tampoco la oferta es buena, es de comprender.

Lo cierto es que al leer la crónica del viajero aventurero quisiera volver hacia atrás en el tiempo y tomar caminos diferentes de los que tomé en su día. Quizá me faltó el valor de hacerlo en su momento, o quizá no era el momento. El resultado es el mismo. Mi mundo se reduce cada vez más, mientras que el suyo se amplía por continentes e incluso a través del ciberespacio, que para mí es algo más oculto y misterioso que los confines del universo. Mis conocimientos informáticos se limitan al “apaga y enciende” y no van mucho más allá.Y leyendo al viajero aventurero me planteo si yo tengo algo que contar. En esta vida gris que me ha tocado no hay mucho interesante que decir. A veces envidio a todos aquellos que se conforman con lo que les cae, sin esperar más del mundo que subsistir hasta la mañana siguiente, en la que empezará otra jornada igual de gris que la anterior, y sin ninguna necesidad de luchar a brazo partido contra la monotonía. Es seguro que habrá más lectores que se sentirán como yo, tirados en la estación del progreso y sin poder avanzar porque se rompió la catenaria y los trenes vienen con cuentagotas. Sólo nos queda la esperanza de agarrarnos al vagón de cola de alguna unidad que pase averiada, de modo que su velocidad nos permita integrarnos poco a poco en su recorrido. Por otra parte, también habrá muchos cuyas vidas sean tan poco estimulantes como la mía, muchos que, como yo, crean que hay otra vida más allá del mediocre día a día y me encantaría saberlo como terapia psicológica, porque ya se sabe que mal de muchos…

P.    

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