Ser jefe

Codex Manenssisl mayor de los los cambios que mi nuevo curro ha traído consigo es que ahora soy jefe de grupo. Por primera vez en mis 12 años de vida profesional el componente humano de mi rol en una empresa sobrepasa con creces al componente técnico.

Me consta que el ser jefe es difícil, pero creo que lo es aún más el aprender a serlo. En mis trabajos anteriores la capacitación necesaria para desempeñar dichos roles podía ser adquirida por medio de cursos en los que el aprendizaje técnico tenía un gran peso: aprender a programar, aprender a diseñar arquitecturas software, aprender a dirigir proyectos, aprender a gestionar presupuestos… En todas estas áreas técnicas no sólo es fácil definir lo que se necesita aprender para ser un buen programador, un buen arquitecto o un buen gestor de proyectos, sino que además el proceso de aprendizaje es claramente identificable. El qué y el cómo están claros, y por suerte son prácticamente constantes y universales entre distintas culturas y nacionalidades.

Pero da la casualidad de que las personas no son ni programas, ni arquitecturas, ni proyectos, ni presupuestos. Y además, es este mundo globalizado en el que vivimos resulta que a las personas les da por venir de distintas culturas y distintos países en los que los criterios para valorar actitudes y aptitudes personales varían como de la noche al día. El qué se necesita aprender o tener para ser un manager no está nada claro, y lo está menos aún el cómo aprenderlo o adquirirlo. Naturalmente hay cursos de management, pero la mayoría se reducen a lo que se ha venido a denominar el “situational leadership”, que no es otra cosa que un montón de recetillas del estilo “si te pasa esto, es recomendable hacer esto otro”, y tal.

Así que me encuentro en una tesitura similar a cuando eres un tierno adolescente y tus padres te dicen que tienes que aprender a ser tú mismo y empezar a madurar. ¿Cómo se aprende a ser uno mismo? ¿Cómo puede saber si soy maduro o no? Pues eso…

Códice desconocido

Mi antiguo jefe lo tenía muy claro. “Búscate un modelo. Piensa en un jefe bueno que hayas tenido y actúa como él. Es la mejor forma de saber que vas por la dirección correcta en tu viaje profesional como manager”, me aconsejó durante la última conversación telefónica que tuvimos antes de irme.  Me puse a pensar en los jefes que he tenido desde que empecé a currar y no se me ocurrió ninguno al que me gustaría imitar. Incluso él, sin ser un mal jefe, tampoco había sido un modelo ejemplar a seguir. Me debió notar que lo estaba teniendo difícil para elegir modelo así que tras una pequeña pausa continuó al otro lado de la línea. “También lo que puedes hacer es pensar en alguien con quien has trabajado y que sin ser jefe actúa con las actitudes y aptitudes de uno. Aquí en el departamento tenemos la suerte de contar con algunos de esos” “¿Y quiénes son ellos?”, dije yo. Y me soltó tres nombres, a saber:

•    Fülaner: Un lameculos pelota, mentiroso y traidor, capaz de vender a su madre por un ascenso, sobrecargado de curro porque lo quiere hacer él todo al no tener confianza en nadie, y de quien ni siquiera su novia (la pobre) puede decir algo bueno

•    Menganen: Un bastardo arrogante, mezquino, vanidoso y superficial, con quien nadie quiere trabajar porque su peste ególatra es absolutamente insoportable y trata a los demás como si fueran subnormales profundos. E hincha irracional del Bayern de Múnich, para más inri.

•    Zutanisch: Un cabrón negrero a quien aguanté 3 años de supervisor, egoísta, tacaño y controlador, maníaco del detalle y más cabezón que un burro con orejeras, que se la da de abeja reina cuando apenas llega a mosca cojonera.

En aquel momento una alegría inmensa me llenó por completo al saber que en un par de semanas no estaría trabajando más en ese departamento.

Una carcajada se me vino a la boca y tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para reprimirla. Me distancié del teléfono, miré al techo, arqueé las cejas, y vomité un Joooooooooder silencioso al tiempo que me llevaba una mano crispada a la frente. Un silencio algo incómodo se posó a ambos lados del teléfono, y cuando pude volver a hablar otra vez en un tono normal le dije: “Gracias por el consejo, lo tendré muy presente”.

Y la verdad es que así ha sido. No ha pasado un día que no haya utilizado a esos tres fichajes como modelos a EVITAR en mi comportamiento. Porque si ser un buen jefe significa tener que convertirme en un controlador opresivo, o un traidor lameculos, o un majadero arrogante, o una combinación de ellos de verdad que lo dejo ahora mismo.

Espero no ser muy ingénuo, pero quiero creer que es posible ser una buena persona y un buen jefe a la vez.
PA

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