Archive for December, 2009

Leyenda India del Noroeste del Continente Americano

Tuesday, December 29th, 2009

Codex Manenssis

ace mucho, mucho tiempo atrás hubo un gran jefe indio de gran sabiduría y poder en las tierras más allá del Gran Río. Su don y carisma era tal que convertía a sus enemigos en fieles allegados, y en poco tiempo logró unificar bajo su mando a muchas tribus que otrora luchaban entre ellas por las mejores praderas. Incluso la Luna le rondaba por la noche con su suave luz de plata, y por el día el Sol le brindaba los mejores destellos de su luz de oro.

Lo único que podía compararse con la elocuencia del gran jefe era la belleza de su hija.

Pero la fama le cegó, y obnubilado por su éxito, el gran jefe pensó que podría reemplazar al Sol en la bóveda celeste. Y así una noche embaucó la Luna para que le mostrara donde dormía el Astro Brillante, y en sus sueños lo robó silenciosamente metiéndole en una piel blanca de oso que guardaba en su tienda.

Así empezó el Tiempo de la Gran Oscuridad.

Los hombres asustados corrieron a pedir ayuda a su gran jefe. “No os preocupéis, yo haré de Sol”. Pero sin luz los bosques empezaron a morir, y las praderas a marchitarse, y los animales se espantaron, y a los hombres les inundó una profunda y desesperada tristeza. Pero el gran jefe no dejó al Sol escapar; su ego era demasiado grande.

Codex ManensisEl Cuervo miró hacia abajo desde su alto vuelo y vio lo triste y desesperados que estaban los hombres. Preguntó a la Luna por el Sol y ésta le contó cómo el gran jefe había raptado al Gran Disco de Oro. El Cuervo pensó hablar con el gran jefe e intentar hacerle entrar en razón, pero este se negó e incluso le amenazó con su arco y sus flechas si se acercaba a él o a su familia. “No eres digno de mí, ni de mi hija, que ahora es la Hija del Sol”. Entonces el Cuervo se internó en lo más profundo del bosque y buscó la cascada más grande y remota del río. Y allí, tras la pared de agua, escondido para que nadie lo viese, empezó a quitarse las plumas una a una con el pico para después echarlas al agua: “Río, ayúdame a llevar mi mensaje a la hija del gran jefe

Río escuchó su plegaria y a medida que las plumas iban cayendo por la cascada las iba convirtiendo en pequeñas agujas de abeto, de color verde y esmeralda, para después empujarlas corriente abajo, en dirección a la pradera donde los hombres vivían. Pero también, a medida que el Cuervo se iba quedando sin plumas, su cuerpo se quedaba más y más frio, hasta que, cuando la última de las plumas tocó el agua, sus ojos se cerraron y se quedó totalmente congelado.

Como cada día al levantarse la hija del gran jefe se acercó al río a beber agua. La oscuridad era tan cerrada que no acertó a ver las pequeñas agujas de abeto que flotaban corriente abajo, y así con el primer sorbo de agua se tragó una de ellas, quedando inmediatamente embarazada.

Con el tiempo la hija dio a luz a un hermoso bebé. El niño crecía muy rápido y pudo hablar y andar mucho antes que los otros bebés, llenando de admiración y orgullo al gran jefe. “Mi nieto está llamado a ser tan grande como yo”, decía con vanidad. Todo se lo consentía y todo se lo daba, malcriando al niño que no hacía más que pedir más y más. Un día el niño preguntó si podía jugar con la bolsa blanca de piel de oso donde estaba encerrado el Sol, y por primera vez el gran jefe dijo no. Codex ManensisEl niño empezó a llorar y a patalear, pero el gran jefe se negó a darle la bolsa. El niño continuó con su rabieta hasta que desesperado, el gran jefe aceptó en darle la bolsa para que jugara con ella. Entonces cuando el niño tocó la bolsa se convirtió de repente en el Cuervo y salió volando con ella entre las garras. Cuando el gran jefe quiso reaccionar fue muy tarde y el Cuervo ya estaba fuera del alcance de sus flechas.

El Cuervo subió a la montaña más alta y allí abrió la bolsa. “Sol, eres libre de salir; ve y haz feliz a los hombre con tu calor y tu luz”. Y así fue como la luz volvió al mundo. El gran jefe juró venganza y salió a cazar al Cuervo. Prometiendo no volver hasta que le diera muerte, nunca más retornó a la aldea. Con su ausencia las tribus volvieron a separarse y se dispersaron por toda la tierra.

La hija estaba muy triste por la ausencia de su hijo y de su padre, así que una noche el Cuervo la visitó en sus sueños. “Todos los años me quitaré una pluma -le dijo- y la echaré al río para que se convierta en una aguja de abeto. Para asegurarme de que puedes encontrarla, esperaré al invierno, y cuando la nieve lo cubra todo de blanco y el agua del río se congele, podrás ir a la cascada y coger la aguja que estará presa en un témpano de hielo.”

Al invierno siguiente, cuando el agua del río se heló, la hija del gran jefe buscó la cascada en lo más profundo del bosque, y efectivamente en uno de los témpanos de la cascada encontró la aguja de abeto como el Cuervo le había prometido. La bebió, y así un nuevo gran jefe fue engendrado.

La tradición hoy en día todavía continúa y muchas mujeres de las tribus del Noroeste viajan solas hasta las cascadas heladas en invierno y buscan pequeñas agujas de abeto presas en los témpanos de hielo. La leyenda dice que si encuentran una y se la beben, el niño que nazca será un gran hombre y guerrero, descendiente del Cuervo, aquel que devolvió la luz a los hombres.

Nosotros encontramos nuestra cascada helada… Bienvenido al mundo, Yago, mi pequeño guerrero.

PA.