Archive for September, 2008

Vacaciones en el Mar

Wednesday, September 17th, 2008

Codex Manenssiso sé si os acordaréis de la serie de televisión aquella de los años 70 del barco que hacia cruceros por el Caribe, con el capitán de sonrisa Profiden, tan calvete, el jodío, y el barman que parecía le habían sacado de los Village People… por no hablar del doctor aquél, que cada vez se ponía el fonendoscopio te tenías que preguntar si le habían dado el titulo de médico en una tómbola. Ahhhh, qué recuerdos… The loooooove boooat, lalalalalalaaaaa, decía la canción… Códice L'épître d'Othéa, Christine de Pisan, Francia, 1450Bueno, pues taitantos años después, ya puedo decir que yo también he estado de crucero. No ha sido el Caribe, sino Alaska, y no ha sido en el Love Boat, sino en el Amsterdam. La verdad es que ha sido una gran experiencia, sobre todo por los sitios que hemos visitado en la Última Frontera, como llaman los estadounidenses al trocito de tierra esta, casi 3 veces más grande que Texas, que compraron a los rusos en 1867 por la nimia cantidad de 7,2 millones de dólares en oro. Una ganga, vamos.

En la serie de televisión parecía que la única gente que se iba de crucero era los que tenían problemas familiares, ya fuera con la parienta, los padres, el primo de Zumosol o sus pececitos de colores. En este crucero parecía que los únicos que iban en el barco eran los que tenían problemas de peso. Sobre-peso. ¡Señor!, qué manadas de gordos y gordas. Yo el primer día lo flipaba… pensé que nos habíamos equivocado de barco y nos habíamos metido sin querer en una cura de adelgazamiento en alta mar. Pero no, el barco era el correcto… y de cura de adelgazamiento nada de nada. A saber: barra libre de comida non-stop las 24 horas del día. Por poner un ejemplo: cualquier día a las 4 de la tarde tenías a tu disposición en diferentes lugares del barco un buffet de pizzas y hamburguesas, un buffet de comida mexicana, un buffet de comida internacional ofreciendo desde sushi hasta pasta italiana, más un restaurante de comida a la carta y un restaurante especializado en comidas al grill. Más 2 buffets de frutas y ensaladas (poco frecuentados) y 2 de postres Códice Hours of Simon de Varie, Maître François, Francia, 1400(la especialidad de la clientela femenina, que luego curiosamente cogía sacarina con el café para acompañar los platos de tartas y helados). ¿Qué habías comido poco durante la jornada y te levantas a las 3 de la madrugada con ganas de matar el gusanillo? Sin problema, te pasabas por la cubierta 7 que, dependiendo de la noche tenías, o snacks “ligeros” italianos (canelones, tiramisú y demás), o snacks “ligeros” franceses (pollo al vino, crepes y similares). La bomba… pero calórica. Yo pocas veces he visto tanta comida junta en una semana. Imagino que no hace falta mencionar que los buffets estaban siempre hasta arriba de gente, claro… aunque en su defensa hay que decir que la comida, incluso en el buffet de comida rápida, era de una calidad excelente.

Pero bueno, para nosotros el fin del crucero no era comer sin parar las 24 horas del día o disfrutar del lujo del barco (piscinas climatizadas, jacuzzi, gimnasios, salones de juegos, bares y discotecas…) sino el ser capaces de llegar a sitios donde la única forma de llegar hasta allí es por barco o hidroavión. Sitios como el Parque Nacional de los Glaciares, Juneau, Sitka o Ketchikan.

La estrella del viaje fue el Parque Nacional de los Glaciares. Se trata de una serie de bellísimos y enormes fiordos que constituyen un paraíso todavía casi virgen donde ballenas, focas, leones marinos y nutrias de mar merodean a sus anchas ante los atónitos ojos del visitante… y además se puede disfrutar de uno de los eventos mas impresionantes la Naturaleza ofrece: glaciares gigantes como el Johns Hopkins o el Margerie desgajándose al llegar al océano entre estruendosos y dramáticos derrumbamientos de toneladas y toneladas de hielo. Yo había visto con anterioridad numerosos documentales en donde se muestran los glaciares y cómo se forman los icebergs en el mar… pero una cosa es verlo en la tele, y otra muy distinta es tener enfrente de ti a esa inmensa pared de hielo, con esas grietas inacabables, bellísimas, de un color azul pálido, que hacía diminuto, casi como de juguete, al transatlántico de 9 cubiertas en el que íbamos. Para que os hagáis una idea de las dimensiones, aquí podéis ver la pared desde la cubierta 9, las más alta del transatlántico y a kilometro y medio de distancia. Gigantesco.

Otra parada muy interesante fue Juneau. Esta pequeña y coqueta ciudad es la única capital de estado en los USA a la que, aún no estando situada en una isla, no es posible llegar por carretera. Su fundación se produjo de forma totalmente fortuita a finales del siglo XIX: siguiendo las explicaciones de un jefe indio, un par de buscadores de oro estadounidenses (Richard Harris y Joe Juneau, de ahí el nombre de la ciudad) encontraron lo que parecía una gigantesca beta de oro y plata en las montañas adyacentes al glacial Mendenhall. El destartalado campo minero que surgió a las faldas de la montaña donde la mina se encontraba fue creciendo en habitantes e importancia a medida que las extracciones de oro y plata se revelaron como unas de las más importantes del estado. Cuando la explotación cesó en los años 40 el pueblo era lo suficientemente independiente de la mina como para poder sobrevivir a su cierre. Códice desconocidoAún así, la ciudad todavía conserva en sus edificios y en algunos de sus bares esa aura minera de antaño, como del lejano Oeste. Aparte de su atractivo como ciudad, Juneau ofrece al visitante la posibilidad de visitar el glaciar gigante de Mendenhall. El glaciar está a sólo 20 minutos de la ciudad y las vistas son increíbles. La naturaleza alrededor del valle glacial es sencillamente asombrosa, y no solo por la flora, sino también por la fauna: aquí tenéis el video que tomé de un oso que apareció de repente en el río en el que estábamos viendo subir a desovar a los salmones.

Además de Juneau, durante el crucero también visitamos Sitka (antigua capital de las colonias americanas del Imperio Ruso, y donde se firmó la venta de Alaska) y Ketchikan (un precioso pueblo pesquero que de acuerdo con muchas fuentes es la capital mundial del salmón). Las dos son más pequeñas que Juneau, pero con todo el carácter de Alaska. El tiempo no nos acompañó mucho porque cada vez que pisábamos tierra se ponía a diluviar… pero los paisajes con el mar, las montañas y los bosques que pudimos contemplar hicieron buena cada gota de lluvia que nos calló encima.

Antes de volver a Seattle el barco paró unas horitas en la ciudad canadiense de Victoria, en la isla de Vancouver. La ciudad fue fundada por colonos británicos a mediados del siglo XIX, y como grandes hijos de la gran Bretaña que eran, le pusieron por nombre el de su reina de aquel entonces. La ciudad es bella como pocas, y aunque el orgullo canadiense es palpable en cada esquina, conserva un aire europeo que ni siquiera Vancouver tiene. Nos quedó mucho por ver en Victoria, así que tendremos que regresar en un futuro próximo. Al fin y al cabo son solo 3 horas en ferry.

Para terminar, dejadme que os cuente una vez más sobre los salmones. Como conté hace algunos meses, el año pasado pudimos ser testigos presenciales del ciclo de vida de los salmones del Pacífico. Pues bien, lo que vimos el año pasado en Issaquah es una broma con lo que hemos podido ver en Alaska. Códice Der Naturen Bloeme, Jacob van Maerlant, The Netherlands, 1350Miles, decenas de miles de salmones inundaban los ríos en su batallar contra las corrientes. Otros tantos yacían ya muertos en las veredas para regocijo de las gaviotas. El olor a pez muerto era a veces bastante penetrante, pero la belleza hipnótica de lo que ocurría ante nuestros ojos hacía olvidar todo lo demás. Qué fascinante era poder verlos luchar, desovar, morir, ser devorados casi en vida por las gaviotas a un par de metros de donde nos encontrábamos. Filmé un par de videos con la cámara de fotos y cómo son algo largos los he subido a youtube (video1, video2, video3). Sé que por su calidad no hacen justicia del evento en sí, pero espero os pueden dar una idea de la grandeza del mismo. El drama y la belleza de la Naturaleza en toda su extensión.

PA.