Archive for June, 2008

El Mentidero de Redmond

Sunday, June 29th, 2008

Codex Manenssisn el Madrid imperial de los siglos XVI y XVII, en aquel Madrid de embozo, sombrero de ala ancha y espada, de misas vespertinas y duelos nocturnos, de calles embarradas y callejones malolientes, en el que las torres tubulares del viejo alcázar, techadas todas con empinados chapiteles de pizarra y rematadas por afiladas saetas coronaban el más alto horizonte de la ciudad hacia poniente;  en aquel Madrid de hidalgos y mendigos, de conventos, lupanares y corrales de comedias, de Autos de Fe inquisitoriales donde se quemaban a herejes  y otros enemigos de la Fe Católica ante miles de espectadores; en aquél Madrid de Quevedo, Velázquez, Góngora, Lope de Vega, Ribera, Murillo, Zurbarán, Mateo Alemán, Tirso de Molina, Calderón de la Barca, e incluso –a la sazón- anciano Miguel de Cervantes; en aquel Madrid, digo, de tantas luces y sombras, existía un lugar muy especial al que los madrileños llamaban “El Mentidero de San Felipe”.

Situada entre la Calle Mayor, Esparteros y Postas, más o menos dónde hoy se ubica el (ironías de la Historia) insidioso McDonald’s de la Puerta del Sol, la iglesia de San Felipe el Real fue uno de los mayores y más majestuosos templos del Madrid de los Austrias. Fue construida para celebrar el nacimiento del príncipe Felipe en 1528, y durante muchos años disputó a Los Jerónimos el título de la iglesia más importante de la Villa. Para salvar los desniveles de las calles de la vieja ciudad se construyó la iglesia en lo alto de unas gradas, que a su vez se sustentaban en unos capiteles y arcadas  bajo cuya protección empezaron a surgir tiendecillas y diminutas tabernas, las famosas Covachuelas de Madrid o Gradas de San Felipe. Códice La Cité de Dieu, Maître François 1475-1480Si hoy no queda nada de tan pintoresco lugar es fundamentalmente gracias al ladrón de Napoleón y a su chusma francesa.

Todas las calles alrededor de la iglesia, pero fundamentalmente aquellas gradas, eran lo que hoy denominaríamos un “monumento al chisme”.  Aquel era el lugar donde se podía saber todo sobre las intrigas de la Corte, sobre sus colores y sus olores. Simplemente con acercarse a uno de los múltiples corros de gente que allí se reunían uno quedaba enterado de cuantas hazañas y miserias alcanzaban nuestros tercios en Flandes, en las Indias o en las Filipinas. Especialmente importantes eran las noticias referentes a la Flota de las Indias, si había sido asaltada por piratas ingleses u holandeses, si alguna tormenta se había cobrado algún galeón en el lejano mar Caribe, o de la fecha prevista para su llegada a Sevilla con el necesario oxígeno en forma de oro y piedras preciosas. Otros corros informaban sobre las andanzas de alguna casada infiel o sobre algún Grande de España que se había dejado ver en lugares innobles y con mujeres de mala vida. Cualquiera podía ganar o perder su reputación en cuestión de minutos, y todos cuantos allí se reunían se tenían por lo suficientemente inteligente para decir a su Católica Majestad como debía acometer futuras empresas militares o paliar la sempiterna bancarrota de la Corte. Otras muchas veces la información más difundida versaba sobre las críticas y comentarios sobre los últimos estrenos teatrales o las nuevas novelas de reciente imprenta. De allí surgieron muchos versos y letrillas que ironizaban sobre lo humano y lo divino, lo real y lo imaginario.  Cómo dice Mesonero Romanos en El Antiguo Madrid: “Bien se puede afirmar que tal lugar y sus frecuentes visitantes eran punto de referencia del ánimo madrileño de aquellos tiempos, sus incertidumbres políticas y sociales quedaban allí satisfechas, ya fuera por una noticia real rodada de boca en boca o por el simple bulo creado por el profesional al uso. Del Mentidero de San Felipe se llegó a decir que daba noticias de los sucesos antes de que éstos hubiesen ocurrido”.

Ante tanta información y tantas fuentes informativas, lo difícil era saber qué era verdad, qué era medianamente creíble, y qué era sencillamente fruto de la imaginación o mala fe popular. Para la mayor parte de los madrileños la falsedad o veracidad de las noticias era irrelevante. Para otros, el poder disponer de información veraz era fundamental para poder acometer empresas o negocios, ya fueran lícitos (compra y venta de inmuebles) o ilícitos (chantajes o robos). Códice Cicero, Oraison pour Marcellus, Francia, 1500Algunos de los recurrentes en los mentideros se convirtieron en verdaderos profesionales, y a modo de filtro identificaban y vendían información veraz a aquellos que la necesitaban. Imagino que muchas veces pagarían con la vida y un puñal en el cuello, a altas horas de la madrugada en algún callejón infame del viejo Madrid, la osadía de haber proveído de información falsa a gente importante.

Muchos de vosotros me preguntáis que es lo más interesante de trabajar tan de cerca con (que no para) el gigante de Seattle, y yo siempre digo lo mismo: el poder experimentar la enorme cantidad de información que mueve, procesa, genera e influye por sí sola la empresa. El poder tratar directamente con sus ingenieros y arquitectos es altamente gratificante, así como es un privilegio el estar involucrado en sus proyectos y poder compartir de primera mano sus objetivos. Pero la información a procesar es inhumana y las fuentes son sencillamente cuasi infinitas.  Es una tarea excitante, pero tremendamente extenuante.

Creo que la próxima vez que encargue una nueva hornada de tarjetas de visita, en vez de “technical liaison manager” voy a poner “Profesional del Mentidero de Redmond” :-)  

PA.

Fishing in the Northwest

Wednesday, June 11th, 2008

Codex Manenssisne of the earliest memories I have from my childhood is my grandfather teaching me how to fish in that old, destroyed hydroelectrical plant nearby my grandmother’s village. The plant had not worked for many years, but the part of the river that used to drive the water into the turbine had created a small pond, with a very week current and easy access to it -the perfect place for a kid to learn how to fish. It did not matter that the fish were very small, or that it took me so damn long to finally catch one. During all those long summers in Gormaz, the sound of the Duero river, the whispering of the wind in the trees and the singing of the birds at the river shore make fishing with my grandfather one of the highlights of the year.

Pierpont Morgan Library, Manuscript G3, 1400As time went by and I grew older, that small pond got very small for me and I started going fishing to the river itself with my grandfather, my uncle and my dad. We had to get up very early to get to the river as soon as possible, but I was so excited the night before that I could barely sleep. Sometimes we made it to the river just in time to see the sun rising above the valley, waking up the ancient Castillian fields in old Soria, giving the river that magnificent view so impossible to forget.

Then college came, and with it less and less time to spend in the village. When I graduated from college I moved to Germany right away, and fishing turned into a distance memory. But during all these years I knew I’d eventually go back to fishing -sooner or later, the oportunity would come my way. And it did finally come, here, in the Northwest.

I met Terry through Lars, my predecesor. Terry is one of the big brains here at the office in Issaquah… and what it is more important: he is a fisherman too. I don’t know how the heck it happend, but one of our multiple work conversations ended up in a exciting talk about fishing techniques. “You want to go fishing in Washington? Don’t worry about that -I’ll show you how to get the fishing license and I’ll go fishing with you“. And he totally kept his word.

Tacuinum Sanitatis Codex, 15th CenturyAfter getting our licenses (20 bucks each, including the endorsements for salmon and steelhead) we drove last Sunday to the Skykomish river, northeast of Seattle. As usual around this area, the landscape was absolutely gorgeous. The village, as cute and small as it can be, is named Index (no kidding here), and it is barely a few houses put together around a raffting club. Terry’s wife, Val, came along too, and we even had a nice picknick over there. And the fishing? Well… it wasn’t a very successful day on that regard. Fed by the huge amount of snow that is still on top of the mountains the river carried a way too much water, and the extremely strong current made fishing almost impossible. And I say almost impossible, because I actually did catch one trout. It wasn’t that big… But hey, fish is fish.

We will be back in a few of weeks, when the water has calmed down a bit and the current is more friendly with the fishing gear. The season just opened, so I am really hoping for more fishing excursions. Who knows, maybe next time I’ll catch something worthwhile to put in the frying pan. :-)

PA.