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Fauna Corporativa: El Jafo

Monday, March 5th, 2012

Codex Manenssis

ace unos años hice una primera incursión en el análisis del biotopo conferencial y describí algunos de los miembros de la fauna corporativa que abunda en esos ecosistemas. Pero la conferencia no deja de ser un biotopo muy limitado y que no se presta a un análisis exhaustivo, ya que su limitación temporal y espacial produce comportamientos anormales en mucha de su fauna. Nada como la oficina, el ecosistema típico por antonomasia, para observar en todo su esplendor a todas y cuantas criaturas que hacen de ella su hábitat natural.

Inicio esta serie de entradas sobre la fauna corporativa en la oficina con un bichejo con el que ve he venido encontrando bastante a menudo en los últimos meses: el jafo (jafus agobiantis)

El jafo no es una criatura tímida ni asustadiza. Al contrario, siempre intenta hacerse notar con frecuencia allí donde se encuentre por lo que puede ser fácilmente identificado en multitud de lugares del ecosistema oficinista. Cualquier lugar donde hay gente reunida o hablando, ya sea en pequeños grupos en los pasillos, tomando un café en la cafetería o fumando un pitillo en el aparcamiento es un buen sitio para identificar jafos.

Códice Workshop Bestiary, England 1200

El avezado naturalista de la fauna corporativa puede identificar al bicho en cuestión siguiendo los siguientes patrones de comportamiento:

  1. Suelen ser portadores de malas noticias, pero siempre para otros y nunca para ellos. Les gusta indicar todo aquello que va mal, o que tiene tendencia a ir mal, o que puede ir mal, siempre y cuando ello ocurra en temas que no les incumben directamente. El canto típico de un jafo es: “Me he dado cuenta de que los ingenieros están teniendo problemas con la calidad de los requisitos… una pena, chico, esto te va a minar el proyecto”. O por ejemplo: “Me han comentado que todavía no has encontrado una solución para el problema este que te trae de cabeza. Ya sabía yo que iba a ser casi imposible, y lo malo es que cada vez te queda menos tiempo para arreglarlo. Debes estar muy nervioso…”.
  2. Este último ejemplo pone de manifiesto otra cualidad del jafo: tienden a resaltar cosas y consecuencias obvias que lejos de ayudar al afectado le agobian aún más y empeoran el ambiente: “¿Qué todavía no has terminado el documento para el otro equipo? Mal rollo, deben estar que trinan, porque lo llevan esperando más de dos semanas…Probablemente ya se lo han contado a tu jefe así que no tardarás en oírle. Esto va a tener consecuencias muy graves, lo estoy viendo venir. Debes estar muy agobiado…”.
  3. Su principal alimento es el stress y el acojone que producen en terceros, y se regodean con gusto admirando el efecto que tienen sus palabras. Suelen hacer gestos de negación con la cabeza, o muecas con las cejas o la comisura de los labios para rematar a la víctima. Una vez que la han dejado en la puta miseria y en el mayor agujero de mierda del mundo-mundial, se dan la vuelta y se largan con un “bueno, me voy a lo mío que hoy me quiero ir pronto a casa”.
  4. Su capacidad innata de señalar marrones inmensos para aquellos que están a sus alrededores es solamente comparable con su capacidad de esquivar los marrones que ellos mismos han creado o que derivan de los primeros. Nunca ofrecen ayuda para solucionar los problemas que han indicado, ni posibles soluciones para minimizar el impacto de los riesgos que acaban de pormenorizar. Poseen una nula voluntad de arrimar el hombro si no les va algo en ello. La escusa por antonomasia para escurrir el bulto: “no soy un experto en ese tema, no sabría ni por donde empezar…”. Esta faceta de observación sin ganas de involucrarse es el origen de su nombre: Just Another Fucking Observer
  5. Existe una variedad de jafo que es aún más cruel con su presa que el jafo común: el jafus acabronatus, o jafo acabronado. Este variedad espera a que sus predicciones y problemas se desaten en toda su magnitud para que cuando la presa esté hasta las orejas de mierda y sin nada que poder hacer, se acerca a ella y le suelta un “ya te lo avisé” o un “no será que no te lo dije”. Los efectos en la presa son demoledores y dejan secuelas psicológicas.

Todo un bicho, el jafo. No tengo recomendaciones personales sobre como enfrentarse a uno de ellos y salir airoso del encuentro. De momento mi táctica se reduce a evitar el cara a cara, pero habiendo visto como se las trae con todo el resto del personal imagino que tarde o temprano me tocará mi parte, y entonces tendré que aguantarme las ganas de enciscarme en su madre. Si algún amable lector tiene alguna recomendación al respecto y quiere compartirla aquí le estaré enomemente agradecido.

PA

Ser jefe

Thursday, January 26th, 2012

Codex Manenssisl mayor de los los cambios que mi nuevo curro ha traído consigo es que ahora soy jefe de grupo. Por primera vez en mis 12 años de vida profesional el componente humano de mi rol en una empresa sobrepasa con creces al componente técnico.

Me consta que el ser jefe es difícil, pero creo que lo es aún más el aprender a serlo. En mis trabajos anteriores la capacitación necesaria para desempeñar dichos roles podía ser adquirida por medio de cursos en los que el aprendizaje técnico tenía un gran peso: aprender a programar, aprender a diseñar arquitecturas software, aprender a dirigir proyectos, aprender a gestionar presupuestos… En todas estas áreas técnicas no sólo es fácil definir lo que se necesita aprender para ser un buen programador, un buen arquitecto o un buen gestor de proyectos, sino que además el proceso de aprendizaje es claramente identificable. El qué y el cómo están claros, y por suerte son prácticamente constantes y universales entre distintas culturas y nacionalidades.

Pero da la casualidad de que las personas no son ni programas, ni arquitecturas, ni proyectos, ni presupuestos. Y además, es este mundo globalizado en el que vivimos resulta que a las personas les da por venir de distintas culturas y distintos países en los que los criterios para valorar actitudes y aptitudes personales varían como de la noche al día. El qué se necesita aprender o tener para ser un manager no está nada claro, y lo está menos aún el cómo aprenderlo o adquirirlo. Naturalmente hay cursos de management, pero la mayoría se reducen a lo que se ha venido a denominar el “situational leadership”, que no es otra cosa que un montón de recetillas del estilo “si te pasa esto, es recomendable hacer esto otro”, y tal.

Así que me encuentro en una tesitura similar a cuando eres un tierno adolescente y tus padres te dicen que tienes que aprender a ser tú mismo y empezar a madurar. ¿Cómo se aprende a ser uno mismo? ¿Cómo puede saber si soy maduro o no? Pues eso…

Códice desconocido

Mi antiguo jefe lo tenía muy claro. “Búscate un modelo. Piensa en un jefe bueno que hayas tenido y actúa como él. Es la mejor forma de saber que vas por la dirección correcta en tu viaje profesional como manager”, me aconsejó durante la última conversación telefónica que tuvimos antes de irme.  Me puse a pensar en los jefes que he tenido desde que empecé a currar y no se me ocurrió ninguno al que me gustaría imitar. Incluso él, sin ser un mal jefe, tampoco había sido un modelo ejemplar a seguir. Me debió notar que lo estaba teniendo difícil para elegir modelo así que tras una pequeña pausa continuó al otro lado de la línea. “También lo que puedes hacer es pensar en alguien con quien has trabajado y que sin ser jefe actúa con las actitudes y aptitudes de uno. Aquí en el departamento tenemos la suerte de contar con algunos de esos” “¿Y quiénes son ellos?”, dije yo. Y me soltó tres nombres, a saber:

•    Fülaner: Un lameculos pelota, mentiroso y traidor, capaz de vender a su madre por un ascenso, sobrecargado de curro porque lo quiere hacer él todo al no tener confianza en nadie, y de quien ni siquiera su novia (la pobre) puede decir algo bueno

•    Menganen: Un bastardo arrogante, mezquino, vanidoso y superficial, con quien nadie quiere trabajar porque su peste ególatra es absolutamente insoportable y trata a los demás como si fueran subnormales profundos. E hincha irracional del Bayern de Múnich, para más inri.

•    Zutanisch: Un cabrón negrero a quien aguanté 3 años de supervisor, egoísta, tacaño y controlador, maníaco del detalle y más cabezón que un burro con orejeras, que se la da de abeja reina cuando apenas llega a mosca cojonera.

En aquel momento una alegría inmensa me llenó por completo al saber que en un par de semanas no estaría trabajando más en ese departamento.

Una carcajada se me vino a la boca y tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para reprimirla. Me distancié del teléfono, miré al techo, arqueé las cejas, y vomité un Joooooooooder silencioso al tiempo que me llevaba una mano crispada a la frente. Un silencio algo incómodo se posó a ambos lados del teléfono, y cuando pude volver a hablar otra vez en un tono normal le dije: “Gracias por el consejo, lo tendré muy presente”.

Y la verdad es que así ha sido. No ha pasado un día que no haya utilizado a esos tres fichajes como modelos a EVITAR en mi comportamiento. Porque si ser un buen jefe significa tener que convertirme en un controlador opresivo, o un traidor lameculos, o un majadero arrogante, o una combinación de ellos de verdad que lo dejo ahora mismo.

Espero no ser muy ingénuo, pero quiero creer que es posible ser una buena persona y un buen jefe a la vez.
PA

De vuelta / I am back

Saturday, January 21st, 2012

Codex Manenssis

an pasado más de dos largos años desde que me dejé ver por estos lares, pero en mi haber he de decir que la ausencia ha sido obligada. Han sido muchos y profundos profundos los cambios que, para bien o para mal, me obligaron a  dar una prioridad casi nula a mi actividad bloguera: Para empezar tuve un hijo. Para continuar cambié de curro. Y para terminar me mudé de estado y ciudad.

Los cambios y las decisiones no fueron fáciles, pero al echar la vista atrás me consta que fueron para bien. Como siempre ocurre en estas ocasiones, más que el cambio en sí lo que nos pone las vidas patas arriba es primero la incertidumbre previa a la decisión, y más tarde el consecuente caos que la adaptación a la nueva situación conlleva. Aun así mi intención fue siempre regresar a este mi rincón particular de Internet. Añoraba el poder escribir de vez en cuando, aunque fueran cuatro líneas mal puestas, así que me alegra haber vuelto.

Ignoro cuanto tiempo podré dedicar al blog en esta nueva etapa de mi vida, pero al menos mi compromiso con ello está de renovado una vez más.

Hola de nuevo, Internet. :-)

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Codex Manenssis

t´s been longer than two years since the last time I was here, but in my defense I have to say that my absence in the blog has been very much forced. There were many and rather deep changes in my life that, for the better or worse, required to reduce my blogging activity down to zero: To begin with I became a father. Moreover I changed jobs. And finally I moved to a different state.

The changes and the decisions were not easy, but when I look back I know they were the right ones. It is not the change itself what brings instability and insecurity to our lives, but the uncertainty prior to the decision, and the chaos of the adaptation to the new reality. But even when I was dealing with the chaos, the uncertainty and the instability, my intention was always to come back to my personal corner of the Internet. I really missed the writing, even if it were some short and badly elaborated text, so I am very happy to be back.

I don’t know how much time I’ll be capable to spend here in this new phase of my life, but I can say that my compromise with the blog is herewith once more renovated.

Hello again, Internet.

PA.

Leyenda India del Noroeste del Continente Americano

Tuesday, December 29th, 2009

Codex Manenssis

ace mucho, mucho tiempo atrás hubo un gran jefe indio de gran sabiduría y poder en las tierras más allá del Gran Río. Su don y carisma era tal que convertía a sus enemigos en fieles allegados, y en poco tiempo logró unificar bajo su mando a muchas tribus que otrora luchaban entre ellas por las mejores praderas. Incluso la Luna le rondaba por la noche con su suave luz de plata, y por el día el Sol le brindaba los mejores destellos de su luz de oro.

Lo único que podía compararse con la elocuencia del gran jefe era la belleza de su hija.

Pero la fama le cegó, y obnubilado por su éxito, el gran jefe pensó que podría reemplazar al Sol en la bóveda celeste. Y así una noche embaucó la Luna para que le mostrara donde dormía el Astro Brillante, y en sus sueños lo robó silenciosamente metiéndole en una piel blanca de oso que guardaba en su tienda.

Así empezó el Tiempo de la Gran Oscuridad.

Los hombres asustados corrieron a pedir ayuda a su gran jefe. “No os preocupéis, yo haré de Sol”. Pero sin luz los bosques empezaron a morir, y las praderas a marchitarse, y los animales se espantaron, y a los hombres les inundó una profunda y desesperada tristeza. Pero el gran jefe no dejó al Sol escapar; su ego era demasiado grande.

Codex ManensisEl Cuervo miró hacia abajo desde su alto vuelo y vio lo triste y desesperados que estaban los hombres. Preguntó a la Luna por el Sol y ésta le contó cómo el gran jefe había raptado al Gran Disco de Oro. El Cuervo pensó hablar con el gran jefe e intentar hacerle entrar en razón, pero este se negó e incluso le amenazó con su arco y sus flechas si se acercaba a él o a su familia. “No eres digno de mí, ni de mi hija, que ahora es la Hija del Sol”. Entonces el Cuervo se internó en lo más profundo del bosque y buscó la cascada más grande y remota del río. Y allí, tras la pared de agua, escondido para que nadie lo viese, empezó a quitarse las plumas una a una con el pico para después echarlas al agua: “Río, ayúdame a llevar mi mensaje a la hija del gran jefe

Río escuchó su plegaria y a medida que las plumas iban cayendo por la cascada las iba convirtiendo en pequeñas agujas de abeto, de color verde y esmeralda, para después empujarlas corriente abajo, en dirección a la pradera donde los hombres vivían. Pero también, a medida que el Cuervo se iba quedando sin plumas, su cuerpo se quedaba más y más frio, hasta que, cuando la última de las plumas tocó el agua, sus ojos se cerraron y se quedó totalmente congelado.

Como cada día al levantarse la hija del gran jefe se acercó al río a beber agua. La oscuridad era tan cerrada que no acertó a ver las pequeñas agujas de abeto que flotaban corriente abajo, y así con el primer sorbo de agua se tragó una de ellas, quedando inmediatamente embarazada.

Con el tiempo la hija dio a luz a un hermoso bebé. El niño crecía muy rápido y pudo hablar y andar mucho antes que los otros bebés, llenando de admiración y orgullo al gran jefe. “Mi nieto está llamado a ser tan grande como yo”, decía con vanidad. Todo se lo consentía y todo se lo daba, malcriando al niño que no hacía más que pedir más y más. Un día el niño preguntó si podía jugar con la bolsa blanca de piel de oso donde estaba encerrado el Sol, y por primera vez el gran jefe dijo no. Codex ManensisEl niño empezó a llorar y a patalear, pero el gran jefe se negó a darle la bolsa. El niño continuó con su rabieta hasta que desesperado, el gran jefe aceptó en darle la bolsa para que jugara con ella. Entonces cuando el niño tocó la bolsa se convirtió de repente en el Cuervo y salió volando con ella entre las garras. Cuando el gran jefe quiso reaccionar fue muy tarde y el Cuervo ya estaba fuera del alcance de sus flechas.

El Cuervo subió a la montaña más alta y allí abrió la bolsa. “Sol, eres libre de salir; ve y haz feliz a los hombre con tu calor y tu luz”. Y así fue como la luz volvió al mundo. El gran jefe juró venganza y salió a cazar al Cuervo. Prometiendo no volver hasta que le diera muerte, nunca más retornó a la aldea. Con su ausencia las tribus volvieron a separarse y se dispersaron por toda la tierra.

La hija estaba muy triste por la ausencia de su hijo y de su padre, así que una noche el Cuervo la visitó en sus sueños. “Todos los años me quitaré una pluma -le dijo- y la echaré al río para que se convierta en una aguja de abeto. Para asegurarme de que puedes encontrarla, esperaré al invierno, y cuando la nieve lo cubra todo de blanco y el agua del río se congele, podrás ir a la cascada y coger la aguja que estará presa en un témpano de hielo.”

Al invierno siguiente, cuando el agua del río se heló, la hija del gran jefe buscó la cascada en lo más profundo del bosque, y efectivamente en uno de los témpanos de la cascada encontró la aguja de abeto como el Cuervo le había prometido. La bebió, y así un nuevo gran jefe fue engendrado.

La tradición hoy en día todavía continúa y muchas mujeres de las tribus del Noroeste viajan solas hasta las cascadas heladas en invierno y buscan pequeñas agujas de abeto presas en los témpanos de hielo. La leyenda dice que si encuentran una y se la beben, el niño que nazca será un gran hombre y guerrero, descendiente del Cuervo, aquel que devolvió la luz a los hombres.

Nosotros encontramos nuestra cascada helada… Bienvenido al mundo, Yago, mi pequeño guerrero.

PA.

Mi pequeño rincón

Thursday, August 20th, 2009

Codex Manenssis

a noche se acaba y la madrugada parece despuntar caprichosa, tímida, casi sin querer, haciendo que el Sol salga por detrás de las únicas nubes que se vislumbran en el horizonte. Con la cabeza aún embotada tras la larga noche de fiesta apoyo mis codos el la vieja muralla y me recuesto en la almena, con la cara al viento, abandonándome al festín que supone para mis sentidos el amanecer soriano.

El sempiterno viento que maltrata al castillo huele a pino y a campo, a tomillo húmedo por el cierzo de la mañana. Mi ojos vagan lentamente por tu paisaje, posándose aleatoriamente aquí y allí como las abejas en las flores, extrayendo el néctar que brindan tus campos de girasoles y de cebada, tus pinares, las colinas con su manto de enebros, y el Duero con su deambular tranquilo y eterno por la meseta castellana. Sobre este lienzo de infinitos marrones, verdes y amarillos añades diminutos trazos de adobe, piedra, teja y cemento, y por tus pequeñas calles, a estas horas desiertas, aún parecen resonar los ecos de la última noche de fiesta, la música, el baile, la alegría, los gritos, el bar… Respiro hondo y casi puedo saborear la paz y la tranquilidad infinita del paisaje soriano, con este dulce aroma a gente sencilla que apura su vida siguiendo los mismos usos y costumbres que sus padres, y antes los padres de sus padres, tuvieron hace mucho tiempo atrás.

Como cada año el amanecer en el castillo marca el principio de la despedida. No me he ido aún y ya te echo de menos, porque es imposible no echarte de menos cuando se vive tan lejos. Será porque mi niñez sigue jugando en tu arena, como decía Serrat, y mi adolescencia bailando en tus fiestas, y tras San Miguel duerme mi primer amor, y mi juventud aprendió a madurar en cada una de las vivencias de las que has sido testigo y parte fundamental. Me has visto crecer, y reír, y llorar, y aprender, y olvidar, y sentir, y querer, y perder, y decir adiós que nunca será adiós sino hasta luego. Porque yo siempre estaré así, recordándote y queriendo volver a pisar tus calles, y a respirar tu brisa, y a oír tus silencios, y a deleitarme con tu dulce promesa, todas ya parte de mi vida. Y me perderé en tu noche, disfrutaré de tus gentes, andaré tus campos, cruzaré tu puente, pescaré tus aguas, escucharé a tu ermita, subiré a tu castillo, y antes de partir contemplaré el amanecer desde las almenas para una vez más llenarme de ti. Para así hacer más llevadera tu ausencia en mis viajes. Y para así recordarme que, aunque queden muchos trenes que coger y muchos caminos por recorrer, el último de todos olerá a pino, a tomillo húmedo, a enebro y a campo soriano… porque me llevará de vuelta a ti, mi pequeño rincón del mundo.

PA.

Esa Gentuza

Monday, July 27th, 2009

Codex Manenssis

xcelente artículo sobre los diputados españoles en XLSemanal. Como es usual, Perez-Reverte se sale de bueno… Yo de mayor quiero ser como él. :-)

La Fauna de las Conferencias

Saturday, March 28th, 2009

Codex Manenssis

Ya sea como presentador o como oyente, en estos dos últimos años he asistido a más conferencias y ferias de tecnología software que en los ocho anteriores. No sólo tengo la suerte (o desgracia) de ser el máximo responsable y coordinador de al menos un gran evento en Alemania y de otro en los USA, sino que además dependo de las conferencias que otras empresas organizan (principalmente Microsoft) para intentar conseguir las grandes cantidades de información y contactos que mi perfil profesional requiere. Solamente en el 2008 asistí a más de 20 eventos entre seminarios, jornadas informativas, ferias tecnológicas, workshops, y conferencias similares, la mayoría de ellas súper interesantes y de cuya asistencia me beneficié enormemente.

Aún así, para mí la vida de conferencia, sobre todo en aquellos eventos cuya duración se extiende por más de un día y el factor hotel toma una importancia considerable, es sinónimo de empacho. Empacho de información, porque desde que entras el pabellón eres bombardeado sistemáticamente con tantas novedades, noticias, demostraciones, videos, primicias, folletos, ofertas, y publicaciones que no sabes ni por dónde empezar; y empacho de comida, porque después de las largas horas de trabajo, cuando el cerebro no puede procesar más información y estás hasta las pelotas de oír jerga tecnológica, el estómago toma el control del cuerpo y te abandonas inconscientemente a los apetitosos bufetes de comida. Cuando por la noche llegas al hotel, sueles tener la cabeza y el estómago como un bombo; y cuando finalmente termina la conferencia y regresas a casa, tu cuerpo necesita al menos un par de días para procesar de forma definitiva toda la información y calorías que te has metido pa´dentro.

Lo curioso es que, independientemente del país donde se organiza la conferencia, y quizá debido a ese particular ora et labora tecnológico y gastronómico en el que los asistentes se ven embebidos día sí y día también, la gente tiende a desarrollan patrones de conducta muy definidos y fácilmente reconocibles. Lo que recojo a continuación son algunas anotaciones de mis cuadernos de campo en los que, a modo de Félix Rodríguez de la Fuente, intento describir la fauna tecnológica y sus patrones de conducta en el hábitat del pabellón de conferencias. :-)

El “sabelotodus vulgaris”: Este bisho ha sido desde siempre una parte fundamental del ecosistema conferencial. No tiene un hábitat definido, y para desgracia de las demás especies con las que convive es fácil encontrarte con él en el sitio más inesperado, desde las primeras filas del auditorio en donde monopolizará los minutos de preguntas intentando demostrar que sabe más que el presentador, hasta en el mingitorio más recóndito del pabellón, en el que utilizará el minuto que dura un pis para demostrar al pobre compañero de meada lo extenso de su conocimiento. Aunque no suele ser peligroso, una alta exposición a su compañía puede resultar muy extenuante.

Códice GKS 3466 8º: Bestiaire, England, c. 1300El “sabelotodus tocacojonensis” es una peligrosa variedad del sabelotodus que ha de ser evitada a toda costa. Mientras que un vulgaris simplemente intentará demostrarte lo inteligente o capacitado que él es, el tocacojonensis intentará convencerte de que tienes que imitarle y adoptar sus métodos, o si no, ser considerado un idiota redomado. Sienten una atracción especial por otras especies que leen libros o trabajan con los ordenadores portátiles en el pabellón de conferencias, y normalmente se acercan a ellas entonando distintos cantos como: “Como puede ser que estés leyendo esa falacia? Si te interesa este tema te puedo recomendar un par de libros mucho mejores…” o “No me puedo creer que estés utilizando Güindous. Deberías hacer como yo y utilizar Pollinux, que es un verdadero sistema operativo… ”, y otros similares. Especial atención si empiezan a hablar de una cosa llamada open source. Evita el tema o dalos la razón instantáneamente, porque de otro modo serás excomulgado, desterrado, lapidado, crucificado, inhabilitado, y hecho un paria de por vida.

El “supremus marmotum” es también otro viejo conocido nuestro. Es tan común que no solo habita en conferencias y grandes eventos, sino que también se le puede ver con relativa facilidad en pequeños ecosistemas como presentaciones ejecutivas y workshops. Esa facultad tan especial de la que hacen gala de quedarse traspuestos independientemente del tema tratado en la presentación les hace fácilmente reconocibles. Algunos especialistas en conferencias hablan de distintas subespecies dependiendo de cómo se quedan dormidos: con cabeceo hacia delante o hacia detrás, con o sin disimulo, con mirada perdida en el infinito o ceño fruncido entre cabezadas… en ocasiones se ven maravillas de la naturaleza que combinan ronquido y baba a los 10 minutos de haber empezado la presentación. Observados a cierta distancia pueden producir gran divertimento.

Códice GKS 3466 8º: Bestiaire, England, c. 1300El “vultrus gorronus” es otro clásico del ecosistema conferencial. Su hábitat suele reducirse a las zonas de exposiciones de los pabellones, allí donde las distintas empresas disponen de stands donde muestran sus productos a los visitantes. Normalmente en estos puestos, tras haber mostrado interés por el producto y haber charlado con los representantes durante algunos minutillos, los visitantes reciben pequeñas bagatelas (camisetas, llaveros, ratones y similares) llamadas takeaways. Dado que la dieta del gorronus se reduce mayoritariamente a estos pequeños regalos, es muy común verlos olisqueando y escrutando cada stand en profundidad para averiguar que pueden sacar en claro si les dan rollo a los incautos representantes durante 5 minutos. Lo curioso de este espécimen es que a pesar de la dependencia casi vital de takeaways que han desarrollado, la Naturaleza no les ha dotado de ningún sitio natural donde almacenarlos, así que suelen arrastrar grandes e incómodas bolsas de plástico en donde van metiendo toda cosa que cae en sus garras.

El “porcus incritus” es una especie que merece nuestra atención no por su apariencia (fácil de reconocer y no muy agradable) sino por su interesante ciclo vital. Estos bichos tienen un periodo metamorfósico de unos 3 días. Esto hace que en conferencias cortas de un par de días no les dé tiempo a completar la incubación y apenas se les pueda ver. Sin embargo, si la conferencia dura más de 3 jornadas entonces pueden completar la metamorfosis y a eso del cuarto día empiezan a eclosionar por doquier. Entonces pueden verse en toda su extensión: cuero cabelludo grasiento, camisetas manchadas, pantalones arrugados, deportivas olorosas, barbas descuidadas… y un cierto aura sobaquil-inglera bastante desagradable si tienes la suerte de tenerlos sentados al lado. Estos han de ser evitados a toda costa.

Códice GKS 3466 8º: Bestiaire, England, c. 1300Terminaremos esta primera entrega de la fauna de las conferencias con el “huevonum empanatus”, bicho curioso donde los haya por su capacidad de crear problemas y situaciones totalmente dantescas. No hay una única característica típica por la cual es fácil identificar a estos goofies de las conferencias, pero las que más se repiten son mirada vobina perdida en el infinito, lentitud de reflejos (“este está aplatanao perdido”), despiste mayúsculo, nula capacidad de orientación, y sensación generalizada de que viven en un mundo paralelo al nuestro. Suelen venir dotados de un coeficiente intelectual bastante elevado para cosas técnicas, pero desafortunadamente esa capacidad no hace acto de presencia para cosas mundanas y del día a día. Entre las acciones protagonizadas por algunos empanatus que recuerdo haber visto en los últimos años tengo que destacar las siguientes: mirar la hora en un reloj de muñeca mientras se aguanta una cocacola abierta con la mano del reloj… justo encima de un laptop encendido y abierto. Tropezar con una bandeja llena de comida y poner perdido al personal con toneladas de espagueti y tomate (esto, por cierto, acelera la incubación de los porcus incritus). Caerse por unas escaleras mecánicas arrastrando a unos cuantos por no haberse dado cuenta que eran las que tenían dirección de subida y no de bajada. Dejar caer el teléfono móvil desde el bolsillo de la camisa en la olla de la sopa del día. Y tirar medio stand al coger la mochila del suelo y haberse enganchado una de las correas con la infraestructura metálica del chiriguito. Increíble…

En otra ocasión analizaremos al “ingenierus vulgaris”, que con sus multiples variantes (ibericus, germanicum, americanii…) constituye el bicho más común de la fauna del ecosistema conferencial.

PA.

Frase del Mes

Thursday, March 26th, 2009

“Yo seré capaz de chuparme la polla antes de que tú seas un guitarrista de éxito”

(… me dijo un colega cuando, al reírse de mis prácticas guitarrísticas, le comenté que algún día tocaré la guitarra decentemente).

Vaya oda a la flexibilidad de la columna vertebral. Como suelen decir las papeletas de rascar no premiadas: “Siga intentándolo” :-D

PA.

Mein Kampf (gegen Ordnung, Kontrolle und Disziplin)

Thursday, October 2nd, 2008

Codex Manenssise estado disfrutando tanto de la pesca en estas últimas semanas por los ríos y lagos de Washington, que casi sin darme cuanta me ha entrado un ataque de nerviosismo al pensar en dónde demonios podré ir a pescar cuando me pire de aquí (hecho que todavía está por ubicar en el futuro, pero que me temo tarde o temprano llegará). Y como la vuelta a Alemania es uno de los posibles candidatos a tener en cuenta, hete aquí que en un arrebato de ingenuidad de los míos me he dicho: “Bueno chacho, tranquilo, que con los Alpes al lado y con esos ríos de los que Alemania hace gala, SEGURO que se podrá pescar en Múnich”.

Yo no sé cómo después de haber vivido 8 años en Alemania aún soy tan gilipollas de pensar algo así.

Lo gracioso es que desde un punto teórico SÍ que se puede pescar en Baviera; pero la regulación de todo lo referente a la pesca es tan alemana que según lo estaba leyendo me estaban llevando los diablos del cabreo que me estaba entrando. Y es que no me extraña que la Gestapo naciera por esos lares.

Códice Bible History, Raoulet d''Orléans (scribe), 1372Veamos: resulta que para obtener la licencia en Baviera tienes que hacer un curso y pasar un examen. Así, cómo lo digo. El curso medio es de unas 40 horas, y viene a costar unos 250 euros. Los hay más caros (he visto algunos por 400 euros, en donde imagino deben explicar cómo influye la lombriz de tierra en el color y olor de la mierda de la trucha, tema por otro lado súper importante para la pesca del bisho, obviamente), y también algo más baratos (unos 100 euros, seguramente debido a que el instructor no tiene el ultimísimo máster en Ergonomía de la Fístula Renal de la Carpa por la Technische Universitaet Muenchen, el pobre infeliz…). Pero teniendo en cuenta que el examen parece ser algo dificilillo, y que suspenderlo está a la orden del día, los foros que he leído por ahí no te recomiendan bajar de las 40 horas lectivas.

Para más inri, sólo hay dos o tres exámenes por año, con un cupo tan limitado (no me extraña; con las condiciones que dan seguro que los del Ministerio pensaban que ningún colgado se plantearía el sacarse la licencia) que se acaba casi en el mismo día que el Anmeldungsprozess se abre. El presentarse al examen vale unos 30 euros. Si eres afortunado y pasas el examen (en alemán, obvio), tienes que pagar otros 50 euros en tasas y demás costes para que te den la puñetera licencia. O sea, que sin haber puesto ni un mísero gusano en el anzuelo ni haberte calzado las botas de goma, ya habrás pagado más de 300 euros por la broma. Cómo mínimo… porque la licencia en sí puede costar mucho más, hasta 400 euros si te quieres sacar la licencia DE POR VIDA. Por lo menos la Gestapo te da la posibilidad de no tener que pasar por tan traumática experiencia nunca más en la vida… Qué majos que son ellos.

Pero bueno, así que aquí estamos, con nuestra flamante licencia, habiendo pagado, pongamos, unos 400 euros, con unas ganas de ir a pescar que cuando cojamos el primer pez no sabremos si comérnoslo o  follárnoslo.  Estoooo… ¿por dónde queda el río?

HALT!  (léase con acento germano)

Bueeeno, a ver, ¿y ahora qué pasa?. Pues pasa que por definición todas las aguas públicas de Baviera son cerradas a la pesca. Así que si quieres pescar tienes que hacerlo en aguas privadas…y para ello tienes que pertenecer a un club de pesca. Determinados clubs de pesca tienen acuerdos con ciertos “terratenientes” para que te dejen entrar en sus tierras y pescar allí. Pagando, claro. No sé cuánto valdrá entrar en un club de pesca en Múnich, pero teniendo en cuenta el pijerío y el clasismo que se respira por la ciudad, probablemente tengas que dejar un riñón según entras por la puerta. Todavía me estoy recuperando del susto que me dieron cuando en otro de mis ataques de ingenuidad fue a preguntar cuánto valía ser miembro de un club de tenis… (¿cómo dice, joven? ¿vender mi alma a quién?)

Pero supongamos que eres un loco de la pesca y decides pagar un riñón, un ojo, o incluso el cojón derecho (que está más hecho) para hacerte miembro del club. Venga, Kollegen, vamos todos justo al río, pero yaaaaa!

HALT!  (léase con acento germano)

No me jodas, ¿otra vez?… A ver, ¿qué pasa ahora? Pues pasa que hay veda, claro. Solo puedes pescar determinados peces en determinados periodos de tiempo. Por ejemplo: un pez tan común como la carpa, que se reproducen como conejos, que es incomible, que se alimenta de cualquier cosa que baja por el río, que podría vivir hasta en el agua del toilette, vamos, casi, casi la cucaracha del río… la veda se abre UN PUTO MES. ¡Cagoendios! Si la veda de la carpa se abre un mes, imagino que éstos deben abrir la de la trucha únicamente durante horas o incluso minutos!

Así que, señores del Institut fuer Fischerei, sin acritud y con todos los respetos: ¡VÁYANSE A LA MIERDA!.

Este es el tipo de coCódice Des faits et des paroles mémorables, France, 1475sas que odio de Alemania y de las que acabé hasta los webs. El corsé, que lo llamo yo. Todo es tan cuadriculado y sobre-regulado, quieren tener todo tan sumamente controlado que lo hacen inútil, o aburrido, o mediocre, o súper caro, o simplemente imposible. No me extraña que a cualquier cosita fuera de lo habitual digan eso de  “Es macht Spass” (¡qué divertido!), tan cuadriculadas que tienen las pobres vidas… Y lo peor es que nadie se queja, están como aborregados, los tíos…

No sé, a  lo mejor estoy exagerando el asunto y mañana cuando lo lea de nuevo me parecerá distinto, pero es que la situación clama al cielo si la comparo con Seattle. Y no es que esto sea la anarquía, pero las reglas para pescar son las normales de toda la vida: 20 dólares la licencia, con aguas públicas cerradas y otras abiertas, con vedas para respetar la puesta de huevos y la cría de los alevines, con coto al número de peces que puedes llevarte… en fin, lo normal para proteger el medio ambiente y poder disfrutarlo al mismo tiempo. Las reglas normales en todos los demás países que no están obsesionados por el Ordnung, Kontrolle und Disziplin. Desde luego hay muchos alemanes que deberían mirarse el ombligo cuando protestan tan ufanos sobre las prácticas de Gran Hermano en los USA. Unos crían la fama y otros cardan la lana, que decía mi abuela.

Y es que esto de las reglas y la cuadratura de mollera germana va camino de convertirse es mi lucha y mi némesis personal con Alemania.

PA.

Vacaciones en el Mar

Wednesday, September 17th, 2008

Codex Manenssiso sé si os acordaréis de la serie de televisión aquella de los años 70 del barco que hacia cruceros por el Caribe, con el capitán de sonrisa Profiden, tan calvete, el jodío, y el barman que parecía le habían sacado de los Village People… por no hablar del doctor aquél, que cada vez se ponía el fonendoscopio te tenías que preguntar si le habían dado el titulo de médico en una tómbola. Ahhhh, qué recuerdos… The loooooove boooat, lalalalalalaaaaa, decía la canción… Códice L'épître d'Othéa, Christine de Pisan, Francia, 1450Bueno, pues taitantos años después, ya puedo decir que yo también he estado de crucero. No ha sido el Caribe, sino Alaska, y no ha sido en el Love Boat, sino en el Amsterdam. La verdad es que ha sido una gran experiencia, sobre todo por los sitios que hemos visitado en la Última Frontera, como llaman los estadounidenses al trocito de tierra esta, casi 3 veces más grande que Texas, que compraron a los rusos en 1867 por la nimia cantidad de 7,2 millones de dólares en oro. Una ganga, vamos.

En la serie de televisión parecía que la única gente que se iba de crucero era los que tenían problemas familiares, ya fuera con la parienta, los padres, el primo de Zumosol o sus pececitos de colores. En este crucero parecía que los únicos que iban en el barco eran los que tenían problemas de peso. Sobre-peso. ¡Señor!, qué manadas de gordos y gordas. Yo el primer día lo flipaba… pensé que nos habíamos equivocado de barco y nos habíamos metido sin querer en una cura de adelgazamiento en alta mar. Pero no, el barco era el correcto… y de cura de adelgazamiento nada de nada. A saber: barra libre de comida non-stop las 24 horas del día. Por poner un ejemplo: cualquier día a las 4 de la tarde tenías a tu disposición en diferentes lugares del barco un buffet de pizzas y hamburguesas, un buffet de comida mexicana, un buffet de comida internacional ofreciendo desde sushi hasta pasta italiana, más un restaurante de comida a la carta y un restaurante especializado en comidas al grill. Más 2 buffets de frutas y ensaladas (poco frecuentados) y 2 de postres Códice Hours of Simon de Varie, Maître François, Francia, 1400(la especialidad de la clientela femenina, que luego curiosamente cogía sacarina con el café para acompañar los platos de tartas y helados). ¿Qué habías comido poco durante la jornada y te levantas a las 3 de la madrugada con ganas de matar el gusanillo? Sin problema, te pasabas por la cubierta 7 que, dependiendo de la noche tenías, o snacks “ligeros” italianos (canelones, tiramisú y demás), o snacks “ligeros” franceses (pollo al vino, crepes y similares). La bomba… pero calórica. Yo pocas veces he visto tanta comida junta en una semana. Imagino que no hace falta mencionar que los buffets estaban siempre hasta arriba de gente, claro… aunque en su defensa hay que decir que la comida, incluso en el buffet de comida rápida, era de una calidad excelente.

Pero bueno, para nosotros el fin del crucero no era comer sin parar las 24 horas del día o disfrutar del lujo del barco (piscinas climatizadas, jacuzzi, gimnasios, salones de juegos, bares y discotecas…) sino el ser capaces de llegar a sitios donde la única forma de llegar hasta allí es por barco o hidroavión. Sitios como el Parque Nacional de los Glaciares, Juneau, Sitka o Ketchikan.

La estrella del viaje fue el Parque Nacional de los Glaciares. Se trata de una serie de bellísimos y enormes fiordos que constituyen un paraíso todavía casi virgen donde ballenas, focas, leones marinos y nutrias de mar merodean a sus anchas ante los atónitos ojos del visitante… y además se puede disfrutar de uno de los eventos mas impresionantes la Naturaleza ofrece: glaciares gigantes como el Johns Hopkins o el Margerie desgajándose al llegar al océano entre estruendosos y dramáticos derrumbamientos de toneladas y toneladas de hielo. Yo había visto con anterioridad numerosos documentales en donde se muestran los glaciares y cómo se forman los icebergs en el mar… pero una cosa es verlo en la tele, y otra muy distinta es tener enfrente de ti a esa inmensa pared de hielo, con esas grietas inacabables, bellísimas, de un color azul pálido, que hacía diminuto, casi como de juguete, al transatlántico de 9 cubiertas en el que íbamos. Para que os hagáis una idea de las dimensiones, aquí podéis ver la pared desde la cubierta 9, las más alta del transatlántico y a kilometro y medio de distancia. Gigantesco.

Otra parada muy interesante fue Juneau. Esta pequeña y coqueta ciudad es la única capital de estado en los USA a la que, aún no estando situada en una isla, no es posible llegar por carretera. Su fundación se produjo de forma totalmente fortuita a finales del siglo XIX: siguiendo las explicaciones de un jefe indio, un par de buscadores de oro estadounidenses (Richard Harris y Joe Juneau, de ahí el nombre de la ciudad) encontraron lo que parecía una gigantesca beta de oro y plata en las montañas adyacentes al glacial Mendenhall. El destartalado campo minero que surgió a las faldas de la montaña donde la mina se encontraba fue creciendo en habitantes e importancia a medida que las extracciones de oro y plata se revelaron como unas de las más importantes del estado. Cuando la explotación cesó en los años 40 el pueblo era lo suficientemente independiente de la mina como para poder sobrevivir a su cierre. Códice desconocidoAún así, la ciudad todavía conserva en sus edificios y en algunos de sus bares esa aura minera de antaño, como del lejano Oeste. Aparte de su atractivo como ciudad, Juneau ofrece al visitante la posibilidad de visitar el glaciar gigante de Mendenhall. El glaciar está a sólo 20 minutos de la ciudad y las vistas son increíbles. La naturaleza alrededor del valle glacial es sencillamente asombrosa, y no solo por la flora, sino también por la fauna: aquí tenéis el video que tomé de un oso que apareció de repente en el río en el que estábamos viendo subir a desovar a los salmones.

Además de Juneau, durante el crucero también visitamos Sitka (antigua capital de las colonias americanas del Imperio Ruso, y donde se firmó la venta de Alaska) y Ketchikan (un precioso pueblo pesquero que de acuerdo con muchas fuentes es la capital mundial del salmón). Las dos son más pequeñas que Juneau, pero con todo el carácter de Alaska. El tiempo no nos acompañó mucho porque cada vez que pisábamos tierra se ponía a diluviar… pero los paisajes con el mar, las montañas y los bosques que pudimos contemplar hicieron buena cada gota de lluvia que nos calló encima.

Antes de volver a Seattle el barco paró unas horitas en la ciudad canadiense de Victoria, en la isla de Vancouver. La ciudad fue fundada por colonos británicos a mediados del siglo XIX, y como grandes hijos de la gran Bretaña que eran, le pusieron por nombre el de su reina de aquel entonces. La ciudad es bella como pocas, y aunque el orgullo canadiense es palpable en cada esquina, conserva un aire europeo que ni siquiera Vancouver tiene. Nos quedó mucho por ver en Victoria, así que tendremos que regresar en un futuro próximo. Al fin y al cabo son solo 3 horas en ferry.

Para terminar, dejadme que os cuente una vez más sobre los salmones. Como conté hace algunos meses, el año pasado pudimos ser testigos presenciales del ciclo de vida de los salmones del Pacífico. Pues bien, lo que vimos el año pasado en Issaquah es una broma con lo que hemos podido ver en Alaska. Códice Der Naturen Bloeme, Jacob van Maerlant, The Netherlands, 1350Miles, decenas de miles de salmones inundaban los ríos en su batallar contra las corrientes. Otros tantos yacían ya muertos en las veredas para regocijo de las gaviotas. El olor a pez muerto era a veces bastante penetrante, pero la belleza hipnótica de lo que ocurría ante nuestros ojos hacía olvidar todo lo demás. Qué fascinante era poder verlos luchar, desovar, morir, ser devorados casi en vida por las gaviotas a un par de metros de donde nos encontrábamos. Filmé un par de videos con la cámara de fotos y cómo son algo largos los he subido a youtube (video1, video2, video3). Sé que por su calidad no hacen justicia del evento en sí, pero espero os pueden dar una idea de la grandeza del mismo. El drama y la belleza de la Naturaleza en toda su extensión.

PA.